NACIONES UNIDAS, Nueva York - “Cuando tenía 16 años recibí amenazas de violación por hablar de feminismo”, declaró una joven siria de 18 años al UNFPA, la agencia de las Naciones Unidas para la salud sexual y reproductiva.
En el transcurso de sus vidas, 840 millones de mujeres serán víctimas de violencia física o sexual, es decir, casi una de cada tres mujeres en el mundo, según un nuevo informe de las Naciones Unidas. Y si crees haber escuchado esta cifra antes, es posible que eso se deba a que, a pesar de décadas de campañas de defensa, sensibilización y presión para impulsar cambios legales y políticos, esta cifra apenas ha variado en los últimos 20 años.
El informe también revela que, si bien la cifra es considerablemente elevada, es probable que se trate de una subestimación, en parte porque las nuevas formas de violencia de género están proliferando rápidamente, sobre todo gracias a los avances tecnológicos, pero no se están midiendo ni abordando adecuadamente.
El UNFPA ha estado a la vanguardia mundial en la identificación y el tratamiento de la violencia de género facilitada por la tecnología y se dispone a publicar una nueva investigación sobre el daño desproporcionado que esta modalidad de abuso inflige a las adolescentes.
Un informe revela cómo la violencia digital afecta a mujeres y niñas de todas las edades, incluso desde la primera infancia. Sin embargo, una investigación respaldada por el UNFPA y que pronto publicará su asociado Save the Children, también pone de relieve que los adultos suelen subestimar los peligros a los que se enfrentan las y los adolescentes.
El UNFPA y Derechos Digitales, un organismo asociado, aportan soluciones en su próxima publicación Guiding Principles for Law and Policy Reform to Address Technology-facilitated Gender-based Violence (Principios orientadores para una reforma legislativa y política frente a la violencia de género facilitada por la tecnología). Esta publicación constituye la primera guía mundial para la reforma legislativa y política basada en derechos sobre la violencia de género facilitada por la tecnología.
Los responsables de la toma de decisiones deben ponerse al día
En su conjunto, las pruebas demuestran que los legisladores, las fuerzas policiales, los profesores, los padres y los desarrolladores de tecnología no logran mantenerse a la par de las realidades de los jóvenes, sobre todo de las adolescentes y las mujeres jóvenes.
El UNFPA se puso en contacto con personas jóvenes de todo el mundo para conocer más acerca de sus experiencias en línea. Se les preguntó si habían estado expuestos a conductas o contenidos nocivos, cómo los había afectado eso y qué les gustaría transmitir a los responsables de la toma de decisiones.
Éstas han sido sus respuestas.
1- El mundo en línea es tan real como el mundo físico. Las herramientas y los espacios digitales son esenciales en la vida de las y los jóvenes, pero no son seguros.
“Internet no es una realidad aparte, imaginaria”, comentó al UNFPA una mujer de 21 años de Tashkent (Uzbekistán). “El abuso que sufrimos en línea es real y nocivo, y afecta a nuestra salud mental, nuestro desempeño escolar y nuestro futuro”. Al mismo tiempo, subrayó: “'Desconectarse' no es una opción, ya que los espacios digitales son los lugares donde socializamos, aprendemos y nos organizamos”.
De hecho, el desarrollo social, emocional y sexual de las y los adolescentes tiene lugar cada vez más en línea, lo que configura sus expectativas y experiencias en torno a las relaciones íntimas, las amistades y la comunidad. Decenas de jóvenes expresaron su frustración por el hecho de que, para estar completamente a salvo de los peligros que acechan en Internet, tendrían que distanciarse de todo un mundo digital de oportunidades y conexiones.
“Las personas jóvenes viven gran parte de su vida social en línea”, afirma una mujer de 24 años de Chad. “Este mundo virtual puede tener repercusiones emocionales reales. No basta con decir ‘ignóralo’ o ‘desconéctate’”.
Las y los adolescentes también son, con cada vez más frecuencia, blanco de deepfakes, extorsión sexual y “compañeros” generados por IA diseñados para generar dependencia.
Aunque las herramientas digitales son la puerta de entrada a una gran cantidad de información, gran parte de ella no es de fiar, como explica una mujer de 26 años de Bangui (República Centroafricana). “Los rumores, las teorías de la conspiración o las noticias falsas se propagan con mucha rapidez. Muchas personas comparten información sin antes verificarla, lo que puede traducirse en una manipulación de la opinión pública o generar situaciones de peligro".
2- La violencia digital suele tener un sesgo de género y se dirige a las personas más vulnerables y marginadas.
“No suelo sentirme segura”, afirmó la mujer de Tashkent al UNFPA. "Como mujer joven, constantemente me preocupa que me tomen fotos o que salgan a la luz fotos mías que no deseo compartir, ser víctima de abusos motivados por el odio o por mi género y que me sigan o acosen en diferentes plataformas”.
La investigación confirma sus observaciones. Las adolescentes se enfrentan a un riesgo desproporcionado de sufrir violencia de género facilitada por la tecnología: cerca del 58% de las mujeres jóvenes y las niñas han sufrido acoso en línea. La mayoría afirma que su primera experiencia de acoso en las redes sociales tuvo lugar entre los 14 y los 16 años. La extorsión sexual puede estar dirigida tanto a niños como a niñas, pero, en el caso de las niñas, es más probable que los riesgos se infiltren en su vida personal y en su comunidad. Tienen más probabilidades de sufrir presiones para enviar fotos íntimas y de que alguien que conocen difunda esas imágenes o las utilice como mecanismo de chantaje.
Las desigualdades de género y los casos de acoso sexual que se presentan en la vida cotidiana suelen intensificarse en Internet, donde los perpetradores gozan de anonimato e impunidad. Como resultado, las niñas y las mujeres pueden verse en la obligación de “desconectarse”, lo que profundiza la “brecha digital” de género por la que más hombres se benefician de la tecnología que las mujeres.
Los grupos marginados también son más vulnerables. Un estudio realizado entre más de 18.000 personas de 18 países reveló que las personas transgénero y de género diverso son las que tienen mayores probabilidades de sufrir incidentes nocivos en línea.
Un joven sirio de 20 años reveló al UNFPA que había sufrido múltiples experiencias perjudiciales a causa de su orientación sexual: “Alguien usaba mis fotos en una aplicación de citas, otro solía amenazarme con ellas y otro me amenazaba por mi sexualidad”.
3- Los responsables de la toma de decisiones suelen penalizar a los sobrevivientes en lugar de a los perpetradores, ya sea culpabilizando a las víctimas o tratando de protegerlas limitando su acceso a herramientas y espacios digitales.
Quienes ocupan cargos de autoridad suelen subestimar las denuncias de abusos en línea y muchos atribuyen el problema al uso que el sobreviviente hace de la tecnología en sí, en lugar de a los deficientes protocolos de seguridad y a la falta de acceso a mecanismos de sanación y reparación.
“Las configuraciones de seguridad no impiden que la gente cometa abusos, solo hacen que sea más difícil denunciarlos”, añadió la mujer de Tashkent. “Mis padres intentaron mantenerme a salvo diciéndome que limitara el tiempo que pasaba frente a la pantalla y que 'simplemente ignorara' a los trols… Ignorarlos no detiene las amenazas ni el acoso. Ojalá hubieran aprendido a denunciar correctamente el contenido perjudicial y se hubieran tomado más en serio las amenazas en lugar de limitarse a minimizar mis sentimientos".
El miedo a que se culpe a las víctimas o a que se restrinja su acceso a Internet es, en parte, la causa de los bajos índices de denuncia, lo que significa que, aunque los abusos están muy extendidos, apenas existen datos que respalden los testimonios de los sobrevivientes.
"¿Qué hacen los adultos para intentar proteger la seguridad de las personas? Imponen restricciones, no cuestionan ni abordan el problema”, declaró una joven de 25 años de Turkmenistán.
“Todos mis conocimientos sobre el Internet los obtuve a través de los cursos de formación y las reuniones a las que asisto. Más allá de eso, no he recibido ninguna orientación por parte de los adultos", afirma una joven de Togo, de 20 años.
Los sistemas jurídicos tampoco han sabido seguir el ritmo en que proliferan estos abusos. Algunos no reconocen en absoluto la violencia digital. Otros no reconocen cómo las mujeres, las niñas y los grupos marginados se ven perjudicados de forma desproporcionada. Otros reconocen el mayor grado de vulnerabilidad de las mujeres y las niñas, pero aplican normas de protección infantil a las mujeres adultas, lo que limita su autonomía y reafirma normas perjudiciales. Y algunos utilizan leyes contra conductas “inmodestas” o “indecentes” para castigar a las sobrevivientes y no a los perpetradores.
4- Todos los espacios, tanto en línea como fuera de línea, deben ser seguros para todas las personas.
Las mujeres y las niñas deben estar en línea. Las y los jóvenes deben estar en línea. Las personas LGBTQIA+ deben estar en línea. Los espacios digitales deben ofrecer conexión, sentido de pertenencia a una comunidad y oportunidades para todas las personas, pero esto requerirá un compromiso generalizado.
Sin embargo, existen indicios alentadores de que algunos responsables de la toma de decisiones y autoridades están adoptando medidas para acortar distancias con la realidad.
"Hackearon mi cuenta y me obligaron a realizar actos en contra de mi voluntad", relató al UNFPA una mujer de 31 años de Liberia. En respuesta, declaró que los adultos que forman parte de su vida la apoyaron al explicarle que “el acoso en línea o cualquier forma de violencia en línea es un ciberdelito, por lo que tengo derecho a denunciarlo".
“Pero aún queda mucho más por hacer”, comentaron al UNFPA las personas jóvenes encuestadas.
"Un maestro y uno de mis padres me escucharon, me recomendaron bloquear a los perpetradores, proteger mis cuentas y no ceder ante las provocaciones”, comentó una joven de 24 años en Chad. "Eso fue útil, pero, en retrospectiva, también podrían haber denunciado los incidentes a la escuela o haber fomentado un debate grupal para sensibilizar a otros alumnos. Su apoyo fue importante, pero una respuesta más visible habría reforzado la prevención”.
5- Y hay un claro camino a seguir.
Según las y los jóvenes encuestados, la solución no es ningún misterio.
El diseño de la tecnología y los sistemas de recopilación de datos deben ser regulados tanto por las empresas tecnológicas como por los gobiernos para evitar la propagación y monetización de la misoginia, la discriminación y el abuso.
"Reforzar las leyes contra el ciberacoso y los abusos en línea,exigir a las plataformas que moderen mejor los contenidos violentos o perjudiciales, respaldar la educación digital en las escuelas para enseñar a las y los jóvenes a protegerse y crear espacios de denuncia accesibles y receptivos para las víctimas", comentó la mujer en Chad.
Una joven siria se hizo eco de estos comentarios: “Leyes y normativas más claras para proteger la seguridad de las personas jóvenes en línea como supervisar los contenidos nocivos, evitar el ciberacoso y castigar a quienes difunden el odio o incurren en abuso infantil... Apoyar programas de sensibilización en las escuelas que nos enseñen a utilizar Internet de forma segura, a proteger nuestra intimidad y a afrontar situaciones difíciles”.
“Enseñar a los niños en las guarderías y las escuelas sobre el uso ético de Internet y las redes sociales, así como medidas de seguridad y psicología", comentó una mujer de 25 años de Turkmenistán.
El UNFPA lidera numerosas iniciativas para ayudar a alcanzar estos objetivos. Por ejemplo, el programa EmpowerED incorpora el uso seguro y ético de la tecnología en los planes de estudios de educación sexual integral, junto con otras lecciones fundamentales sobre igualdad de género, consentimiento y autonomía corporal.
A principios del próximo año, el UNFPA y sus asociados también pondrán en marcha una nueva plataforma segura para ayudar a los trabajadores de primera línea a responder al creciente número de casos complejos de abuso digital, proporcionando la orientación y los recursos que tanto necesitan quienes trabajan con los sobrevivientes.
A fin de cuentas, “las y los jóvenes necesitan orientación y confianza en Internet, no solo restricciones”, afirmó una joven de Yemen. “Queremos explorar, aprender y conectarnos con seguridad, pero también necesitamos apoyo para afrontar los riesgos sin sentir que nos juzgan o nos controlan. Comprender este equilibrio nos ayudaría a utilizar Internet de una forma más positiva”.