NACIONES UNIDAS, Nueva York – A lo largo de 2025, el mundo ha sido testigo de un número récord de conflictos y crisis climáticas que han destruido países y comunidades. Hemos escuchado cómo los drásticos recortes en la financiación humanitaria están suponiendo un verdadero desastre para millones de personas. Y hemos visto cómo se expandía la inteligencia artificial y cómo la violencia digital contra las mujeres y las niñas daba un nuevo y peligroso giro.
Pero también hemos visto a personas comunes y corrientes dar un paso al frente y hacer cosas extraordinarias: desde las parteras que asistían partos de forma segura mientras la guerra devastaba Gaza hasta las adolescentes que se ayudaban mutuamente a evitar el embarazo en la adolescencia en Filipinas, muchas personas han demostrado valor y resiliencia y se han negado a rendirse ante las enormes dificultades.
El UNFPA, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, es la agencia de la ONU para la salud sexual y reproductiva. Trabajamos con comunidades en más de 150 países y territorios y, este año, hemos ampliado nuestro apoyo a las organizaciones comunitarias dirigidas por mujeres y jóvenes. Hemos visto a todas esas personas tomar medidas audaces, defender sus derechos y unirse en pro de toda la humanidad.
Para terminar un año oscuro con un tono más optimista, es el momento de recordar algunas de esas historias.
Las niñas se rebelaron cuando se les negaron sus derechos
Cuando en 2021 se prohibió a las niñas de Afganistán acceder a la educación secundaria, Meena vio cómo sus sueños se desvanecían. Aunque siguió estudiando en su casa en Kabul, su confianza se fue desvaneciendo. “Me sentía aislada y no tenía a nadie con quien compartir mis ideas”, explicó al UNFPA.
Sin embargo, en 2024 se enteró de la existencia de un centro juvenil apoyado por el UNFPA en el Hospital Ataturk que ofrecía formación en aptitudes para la vida y asesoramiento psicosocial. “Allí encontré buenos amigos y un lugar donde podíamos hablar abiertamente de nuestros problemas y buscar soluciones juntos”, afirmó.
Meena asistió a las sesiones de asesoramiento antes de incorporarse a un programa de capacitación en desarrollo empresarial, financiado por la Unión Europea, y pronto puso en marcha su propia tienda en línea. También tomó clases de informática en las que aprendió habilidades que ahora comparte con sus vecinos y amigos, ampliando así el impacto del centro más allá de sus cuatro paredes.
“Esos programas me han cambiado por completo la vida”, afirma Meena. “Aprendí técnicas que me dieron el valor necesario y ahora creo en mí misma. Tengo muchas esperanzas puestas en el futuro”.
La colaboración del UNFPA con actores locales y nacionales, gobiernos y organizaciones dirigidas por mujeres es fundamental para promover iniciativas eficaces y bien fundamentadas en apoyo de las mujeres y las niñas. El año pasado, más del 42 % del gasto humanitario del UNFPA se destinó directamente a estos asociados en 71 países. En 2026, el UNFPA se propone aumentar aún más esta cifra.
Las sobrevivientes de mutilación genital femenina ayudan a poner fin a esta práctica
Amina* llegó a un espacio seguro del UNFPA cuando solo tenía 13 años. Sangraba profusamente debido a complicaciones peligrosas y una infección tras haber sido sometida a la mutilación genital femenina. Desplazada y luchando por sobrevivir, no podía permitirse la atención médica que necesitaba. En el espacio seguro, los trabajadores sanitarios locales no solo le salvaron la vida, sino que la ayudaron a volver a la escuela. “Antes de venir aquí, pensaba que mi vida iba a terminar”, comentó Amina. “Ahora me siento sana y fuerte de nuevo”.
Alrededor del 98 % de las niñas y mujeres de Somalia han sufrido mutilación genital femenina, lo que se reconoce ampliamente como una violación de los derechos humanos. Aunque Somalia aprobó recientemente un proyecto de ley que prohíbe esta práctica, aún no ha sido ratificado. Solo en 2023, el UNFPA ayudó a más de 260.000 personas en Somalia a informarse sobre la mutilación genital femenina, evitarla y recuperarse de ella.
Desde el lanzamiento del Programa Conjunto UNFPA-UNICEF para la Eliminación de la Mutilación Genital Femenina en 2008, 7,2 millones de niñas y mujeres han tenido acceso a servicios de prevención y protección y, en los últimos dos años, más de 12.000 organizaciones de base y más de 36.000 trabajadores comunitarios y de primera línea se han sumado a la iniciativa. Estas organizaciones, en particular las dirigidas por mujeres, son fundamentales para cambiar las mentalidades, las políticas, la legislación y los comportamientos en torno a la mutilación genital femenina.
“Las jóvenes somalíes están redefiniendo el concepto de protección comunitaria”, afirmó Nkiru Igbokwe, especialista en violencia de género del UNFPA en Somalia. “Su liderazgo demuestra que acabar con la mutilación genital femenina no solo es posible, sino inevitable cuando se empodera a las niñas y las familias defienden sus derechos y su dignidad”.
Las comunidades se unen incluso en tiempos de crisis
En un hospital de maternidad de Jersón, en el sur de Ucrania, sonaba la alarma antiaérea cuando llegó Lyudmila justo antes de dar a luz. “Llegué y me dirigí inmediatamente al sótano”, contó al UNFPA, que presta apoyo al hospital.
Habían convertido el sótano en un búnker que albergaba una sala de maternidad que el UNFPA ayudó a construir y equipar. “Lo único era que no tenía ventanas, pero me sentía segura”, afirmó Lyudmilla.
Durante el parto, escuchó el ataque. “Hubo una ofensiva justo en el momento en que estaba dando a luz”, recordó. “Los médicos dijeron: ‘Vamos a seguir’, porque mi hija ya estaba saliendo cuando comenzó el bombardeo”.
Su bebé, Miroslava, nació sana y salva en un búnker de maternidad. Más tarde, la Cruz Roja trasladó a madre e hija a otro hospital donde trataron a Miroslava por ictericia antes de recibir el alta y regresar a su hogar. “Está bien”, comentó Lyudmila. “Ahora todo va bien y ya estamos en casa”.
Para los trabajadores sanitarios de Ucrania, como en muchas zonas de guerra, situaciones como estas forman parte de su nueva normalidad. Los médicos y las parteras operan en salas donde la electricidad puede fallar en cualquier momento y los bombardeos y los ataques aéreos amenazan con interrumpir operaciones críticas. Como declaró el Dr. Heintz, obstetra que trabaja en otro hospital apoyado por el UNFPA en Kiev: “Cuando comienzan los bombardeos, nosotros seguimos trabajando”.
Los trabajadores sanitarios inspiran a los pacientes jóvenes a curar a otras personas
Cuando quedó embarazada antes de terminar sus estudios, Charity regresó a la comunidad rural de su madre con la intención inicial de dar a luz en casa. Sin embargo, tras dos días de parto, surgieron complicaciones y la trasladaron a un hospital cercano, donde le practicaron una cesárea y dio a luz a un bebé sano.
Dos días después, sin embargo, descubrió que había desarrollado una fístula obstétrica, una dolorosa afección causada por un parto prolongado u obstruido sin atención médica. Confinada en la cama, temía no poder cumplir nunca su sueño de convertirse en enfermera.
“No creía que fuera a curarme ni a volver a la escuela”, declaró Charity. “Empecé a sentirme desesperada y vivía aislada. Pero algo dentro de mí me decía que no me rindiera”.
Cuando escuchó en la radio un programa apoyado por el UNFPA, junto con el Ministerio de Salud y la ONG Fistula Foundation, regresó al hospital para apuntarse a una cirugía reparadora. La operación fue un éxito y Charity pudo volver a la escuela y presentarse de nuevo a los exámenes. Impulsada por la amabilidad que recibió de las parteras, ahora está decidida a formarse para ser una de ellas.
Hoy en día, Charity es una ferviente defensora de la concienciación sobre la fístula y comparte su historia para animar a quienes padecen afecciones similares a buscar ayuda médica y, lo que es más importante, a prevenir los embarazos precoces.
Las mujeres indígenas exigen que se reconozcan sus derechos
En una región remota habitada por los grupos indígenas Ngäbe y Buglé, en lo alto de las montañas del oeste de Panamá, Eneida caminó tres horas estando embarazada de nueve meses para llegar a una casa de espera materna que proporciona comida, atención médica y transporte para lograr partos seguros.
Se trata de uno de los muchos centros de salud sexual y reproductiva creados por la Asociación de Mujeres Ngäbe, fundada hace 30 años para defender las necesidades de las mujeres indígenas. La asociación colaboró con el UNFPA y el Ministerio de Salud para crear una red de trabajadores de la salud locales que prestaran atención sanitaria y sensibilizaran sobre cuestiones relacionadas con la salud materna, la anticoncepción y la nutrición infantil.
También trasladaron las necesidades de las mujeres indígenas al sistema de salud gubernamental. Ahora hay un intérprete disponible en el hospital local y el personal está capacitado para actuar de manera culturalmente sensible, lo que garantiza que a las mujeres no se les impongan determinadas intervenciones como ocurría en el pasado. “Si una mujer no acepta, se respeta su decisión”, afirmó Eira Carrera, intérprete intercultural en un hospital materno-infantil.
La generación Z presiona para que se mejore la regulación de las plataformas sociales
Son la generación que creció en línea, los “nativos digitales” de la actualidad. Pero cada vez más, reclaman una legislación y medidas de protección más estrictas y exigen responsabilidades a sus líderes por lo que se permite que ocurra en estos mundos en línea.
Una mujer de 23 años de Bangui, en la República Centroafricana, declaró al UNFPA: “Me gustaría que los responsables políticos crearan leyes estrictas contra el acoso en línea, concienciaran a los jóvenes sobre los peligros de Internet y crearan plataformas más seguras”.
Existe una creciente conciencia mundial de que la explosión de la inteligencia artificial ha aumentado drásticamente los riesgos de violencia de género contra las mujeres y las niñas: cada vez más personas cometen delitos como la sextorsión, el doxing y la creación de deepfakes a un ritmo más rápido y casi con total impunidad.
Otra mujer de Bangui declaró: “Sería útil que la configuración de la privacidad fuera más fácil de entender y que estuviera activada por defecto, especialmente para los niños. Muchas personas jóvenes no se dan cuenta de que sus datos son públicos o pueden compartirse”.
Sin embargo, los directivos del sector tecnológico y los responsables políticos suelen subestimar, o incluso ignorar, las denuncias de abusos en línea y muchos culpan a las víctimas por no saber utilizar la tecnología de forma segura, en lugar de adoptar medidas para poner fin a la violencia digital y enjuiciar a los perpetradores.
En noviembre de 2025, el UNFPA y sus asociados celebraron el primer Simposio Africano para crear alianzas contra la violencia de género en línea y explorar soluciones. Además, a través del programa “Making All Spaces Safe” (Hacer que todos los espacios sean seguros) del UNFPA, con el apoyo del Gobierno de Canadá, se están intensificando los esfuerzos para proteger a las personas de la violencia digital en toda África, incluyendo Benin, Ghana, Kenya y Túnez.
* Se han cambiado los nombres por motivos de privacidad y protección