GOBERNACIÓN DE HADRAMAWT, Yemen – “Hubo un día en el que yo era una niña con un hogar, una escuela y sueños”, cuenta Lutfia*, quien ahora tiene 20 años. “A la mañana siguiente me convertí en una niña desplazada que cargaba con responsabilidades y miedos mucho mayores que su edad”.
Lutfia y su familia huyeron de su ciudad natal, Taiz, en las tierras altas del suroeste de Yemen, cuando el conflicto los rodeó. Sus padres se mudaron a la ciudad costera de Al-Shihr, en la gobernación de Hadramawt, pero su vida estuvo llena de dificultades.
“Dejé muchas veces la escuela y luego volvía a ella dependiendo de si mis padres podían pagar los gastos o no”, contó al UNFPA, la agencia de las Naciones Unidas para la salud sexual y reproductiva.
Tras más de una década de conflicto e inestabilidad en Yemen, más de 18 millones de personas se enfrentan a una grave hambruna y más de 6 millones de mujeres y adolescentes corren un alto riesgo de sufrir violencia doméstica, explotación y matrimonio infantil; vulnerabilidades que aumentan en situaciones de crisis.
Lutfia lo sabe muy bien. En su nuevo entorno, un grupo de chicos locales la acosaba constantemente. Su familia se sentía incapaz de defenderla ya que eran personas desplazadas, vivían en la pobreza y sufrían discriminación en la zona.
Un día, cuando fue a comprar comida cerca de su casa, Lutfia fue secuestrada. Cuatro jóvenes la llevaron a un lugar aislado y la mantuvieron cautiva durante una semana hasta que las autoridades la encontraron.
“Abusaron de mí y me dejaron destrozada, tanto física como mentalmente”, declaró Lutfia. “Cuando volví a casa ya no era la misma persona. No podía hablar. No podía dormir. Me despertaba en mitad de la noche llorando”.
Al caer en una crisis psicológica, la familia de Lutfia intentó todo lo posible, enviándola a hospitales y clínicas privadas, pero su estado empeoró. Finalmente, probó la única opción que se le ocurrió para poner fin a su dolor.
“Abusaron de mí y me dejaron destrozada, tanto física como mentalmente” – Lutfia
Del trauma al emprendimiento
Amira*, trabajadora social, recibió una llamada para visitar a Lutfia y descubrió con horror que había intentado ahorcarse. Lutfia fue trasladada rápidamente a un espacio seguro del UNFPA, donde recibió atención psicológica y médica y fue supervisada por una psiquiatra.
Su estado era delicado, pero según explicó ella misma: “Sentí algo que no había sentido en mucho tiempo: seguridad”.
“Me trataron como a una persona, no como una carga o un error. Poco a poco, aprendí a respirar de nuevo durante los ataques de pánico y a volver al presente cuando los recuerdos del pasado intentaban arrastrarme”.
El espacio seguro también ofrecía formación profesional por lo que Lutfia se inscribió en un taller de diseño y costura y, más tarde, vendió la ropa que había confeccionado en un mercado local. “Al principio me sentía cohibida y nerviosa, pero cada pequeña venta me daba más confianza”, contó al UNFPA.
“Sentí algo que no había sentido en mucho tiempo: seguridad” – Lutfia*
En el mercado conoció a un joven que se convertiría en su esposo y socio comercial. “Él no me veía como una persona destrozada, sino como alguien fuerte que había sobrevivido. Con el tiempo iniciamos una relación y decidí casarme con él cuando me sentí preparada”.
Juntos abrieron una tienda para vender los vestidos que ella confeccionaba. “Quiero dar esperanza a otras personas”, afirmó. “Lo que me salvó a mí fue una combinación de muchas cosas: seguridad, terapia, que me creyeran, tener un oficio y contar con personas que me apoyaban en lugar de juzgarme”.
Lutfia es una de las cientos de mujeres y niñas que han acudido al espacio seguro, creado a finales de 2019. Sin embargo, estos servicios están en peligro debido a la realidad de la escasez de fondos, lo que podría tener consecuencias devastadoras.
El empoderamiento, clave para la recuperación
Para muchas sobrevivientes de violencia, ganarse la vida puede ser fundamental para su recuperación. En un espacio seguro del UNFPA en la gobernación de Ibb, las mujeres y las niñas pueden recibir clases de apicultura que abarcan desde los tipos de miel hasta los medicamentos y la alimentación adecuados, pasando por la gestión de proyectos, el marketing y la venta de sus productos.
Posteriormente, las mujeres reciben un equipo completo para poner en marcha y gestionar sus propios negocios de forma independiente.
“Mi esposo abusó de mí de todas las formas posibles” – Sameera*
Una de estas mujeres es Sameera*. Ahora tiene 35 años pero fue obligada a casarse a los 16. “Mi esposo abusaba de mí de todas las formas posibles”, comentó al UNFPA. “Controlaba mi dinero, mis movimientos, hasta que un día me echó de casa y me dejó sin nada”.
Sameera añadió: “No tenía oficio, ni ingresos, ni autoestima. Llamé a mi madre y ella recorrió casi 150 kilómetros solo para llevarme a casa”.
La derivaron al espacio seguro de Ibb para que recibiera atención especializada. Después descubrió el programa de apicultura. “Al principio estaba confundida: pensaba que las abejas eran algo peligroso, no una forma de ganarse la vida. Pero aprendí a cuidar las colmenas, a procesar la miel y a venderla”.
Sameera luchó contra sus miedos para prosperar en su nueva profesión. “Cuando abrí mi primera colmena me temblaban las manos. Pero cada vez que daba un paso adelante sentía que recuperaba una pequeña parte de mí misma. La primera vez que vendí miel en el mercado lloré al salir del puesto. No por el dinero, sino porque alguien valoraba algo que había hecho yo”.
Actualmente trabaja con otras sobrevivientes y explica: “El proyecto cambió mi forma de vivir y de verme a mí misma. Ahora dirijo sesiones de sensibilización para otras mujeres y hablo abiertamente sobre la sanación psicológica y la independencia económica. Siempre les digo que el trauma no define quiénes somos”.
Vidas truncadas
El UNFPA apoya a las mujeres y las niñas de todo Yemen a través de una red de espacios seguros, refugios y centros de salud mental financiada actualmente por Austria, Islandia, Noruega, la oficina humanitaria de la Unión Europea y el Fondo Humanitario para Yemen.
Anteriormente, el UNFPA prestaba apoyo a equipos periféricos móviles para mujeres y niñas desplazadas, pero estos han dejado de funcionar debido a la falta de financiación, lo que también ha provocado el cierre, hasta la fecha, de diez espacios seguros para mujeres y niñas y un centro de salud mental.
“Todavía me estoy recuperando pero ya no me siento indefensa. Ahora tengo un propósito” – Rinad*
A pesar de estos contratiempos, desde enero de 2025 el UNFPA ha logrado llegar a más de 200.000 mujeres y niñas en Yemen con servicios de apoyo psicológico, atención médica y asistencia jurídica y casi 10.000 mujeres y niñas aprendieron habilidades esenciales para la vida y recibieron formación profesional.
“El espacio seguro y lo que aprendí como apicultora no borraron mi pasado, pero me dieron un futuro”, declaró Rinad*, una sobreviviente de Ibb. “Todavía me estoy recuperando, pero ya no me siento indefensa. Me mantengo a mí misma. Ahora tengo un propósito”.
*Se han cambiado los nombres por motivos de privacidad y protección