BREBES/SERANG/GARUT, Indonesia – “La inclusión no es un lujo”, declaró Rita, una consejera que trabaja con mujeres y niños que necesitan protección en Serang, en la isla de Java, en Indonesia. “Es una necesidad”.
Sin embargo, los servicios de protección y apoyo contra la violencia de género no siempre llegaban o atendían a las personas con discapacidad o a las sobrevivientes de otras comunidades marginadas, no porque los proveedores de servicios de primera línea pretendieran excluir a estas personas, sino porque no tenían la capacitación necesaria para cubrir las necesidades específicas de estas sobrevivientes.
Rita describió un caso reciente y desafiante que involucró a una adolescente con discapacidad auditiva que había sobrevivido a la violencia sexual. “Coordinar y responder a su caso fue como navegar a través de la niebla”, describió Rita.
El dolor de la niña era palpable, sin embargo, su caso era complicado, porque comunicarse con ella sobre esta experiencia sensible y desgarradora requería tiempo, paciencia y apoyo especializado.
Afortunadamente, Rita y sus colegas habían asistido recientemente a una capacitación con “Mujeres en el Centro”, un proyecto liderado por el UNFPA, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la agencia de la ONU para la salud sexual y reproductiva.
Centrándonos en las necesidades de las mujeres
El programa “Mujeres en el Centro” tiene como objetivo mejorar los servicios de prevención y respuesta a la violencia de género entre los consejeros, gestores de casos y otros profesionales de primera línea en todo el país. Actualmente está fortaleciendo los sistemas de gestión de casos mediante la capacitación y el desarrollo profesionales en El Salvador, Indonesia, Madagascar y Zimbabwe.
El programa mundial, apoyado por Takeda Pharmaceutical Company Ltd., ya ha marcado la diferencia. Solo en Indonesia, más de 1.200 personas se han beneficiado de capacitación, kits de higiene personal y servicios de gestión de casos en los últimos tres años.
“Antes de la formación, incertidumbres como estas a menudo nos llenaban de suposiciones”, explicó Rita. “Pero ahora hemos aprendido a tomarnos nuestro tiempo, observar y pensar de forma crítica”.
Su equipo utilizó dibujos, gestos, indicaciones escritas y pausas largas y suaves para proporcionar el apoyo que la niña necesitaba, y se están asegurando de aprovechar sus experiencias para el beneficio de las futuras sobrevivientes.
Irma, quien dirige el equipo de respuesta, explicó que su equipo de solo cuatro mujeres presta servicio en los 29 subdistritos de Serang: “Dado el alto número de casos y los recursos limitados, nos aseguramos de que cada registro que hacemos no sea solo de gestión en el manejo de casos, sino que se convierta en una fuente de aprendizaje y una guía para los pasos de recuperación de la próxima sobreviviente”.
“Hemos aprendido a tomarnos nuestro tiempo, observar y pensar de forma crítica” – Rita
Coordinación de la atención
El programa “Mujeres en el Centro” también ha ayudado a las y los gestores de casos a coordinar la atención sanitaria, desde los distintos proveedores de servicios hasta los familiares y las propias sobrevivientes.
Firman, del distrito de Brebes, comentó el caso de una joven con discapacidad cuya familia tuvo dudas sobre si buscar ayuda por la violencia de género que había sufrido. Esta situación es muy común, ya que las familias y las comunidades suelen temer que denunciar formalmente la violencia dé lugar a estigma.
Las mujeres y las niñas con discapacidad son particularmente vulnerables a la violencia de género y tienen hasta 10 veces más probabilidades de sufrir violencia sexual en comparación con aquellas que no presentan una discapacidad.
El lugar en que se encuentren también es importante. La familia provenía de una aldea remota donde el transporte para llegar a los servicios era todo un desafío.
"Organizamos el transporte, nos coordinamos con el hospital y los psicólogos y ayudamos a la familia a entender por qué era importante denunciar", recordó Firman.
El trabajo de Firman va más allá de las visitas al hospital y el asesoramiento, pues también ayuda a las personas con discapacidad a acceder a atención especializada, como prótesis de extremidades.
Este apoyo requiere adaptarse a las necesidades de cada persona. “El acceso y la empatía deben ir de la mano”, explicó.
“Las estructuras protegen a las y los sobrevivientes y a nosotros también”.
Actualmente, el Ministerio de Empoderamiento de la Mujer y Protección de la Infancia y el Ministerio de Asuntos Sociales de Indonesia están trabajando con el UNFPA para desarrollar nuevos programas de certificación. Estos incluirán capacitaciones como la impartida por “Mujeres en el Centro”, así como supervisión estructurada, tutoría y participación en una comunidad nacional de práctica.
“Las estructuras protegen a las y los sobrevivientes” – Ifa
El objetivo es que todos los equipos de respuesta de primera línea tengan una ruta clara y estructurada que seguir, desde la admisión y la evaluación hasta la intervención, el monitoreo y el cierre. Cada caso se documentará, se le hará un seguimiento y se gestionará en colaboración con la policía, los hospitales, los psicólogos y otros profesionales.
En la Oficina de Asuntos Sociales de Brebes, Ifa explicó el modo en que estas nuevas prácticas han transformado su trabajo: “Antes, trabajábamos de forma aislada. Solíamos solapar casos. Nadie sabía exactamente quién era el responsable de qué”, comentó. “Ahora entendemos nuestros roles. Nos coordinamos con aquellos que comparten la misma visión y de ese modo actuamos como un solo equipo”.
Tras una pausa, agregó: “Las estructuras protegen a las y los sobrevivientes y a nosotros también, pues nos ayudan a responder de manera más estratégica y coherente”.