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Explicación: Las sobrevivientes lideran la causa: la resistencia de la comunidad es clave para poner fin a la mutilación genital femenina

calendar_today03 Febrero 2026

Una madre ajusta el hiyab de su hija mientras se abrazan y comparten una sonrisa
Una madre y su hija en el campamento para personas desplazadas internas Rabi Yasir, en Mogadiscio (Somalia). En entornos como este campamento, las niñas son más vulnerables a la mutilación genital femenina y otras prácticas nocivas, ya que hay falta de información y pocas estructuras de protección. © UNFPA Somalia/Usame Nur Hussein

NACIONES UNIDAS, Nueva York – La mutilación genital femenina es una violación de los derechos fundamentales de las mujeres y las niñas que causa daños físicos y mentales profundos, duraderos y, a menudo, potencialmente mortales. 

Pero se están logrando avances: gracias a cambios en las políticas, iniciativas de mentoría, espacios seguros e historias compartidas de resiliencia, está creciendo la resistencia para lograr un mundo sin mutilación genital femenina. Solo en la última década, el número de niñas sometidas a esta práctica ha disminuido de una de cada dos a una de cada tres en todo el mundo.

Sin embargo, aún hoy en día, más de 230 millones de niñas y mujeres viven con las consecuencias de haber sido sometidas a ella. En 2026, casi 4,5 millones de niñas, más de la mitad de ellas menores de cinco años, corren el riesgo de sufrir esta práctica. 

Una de las razones por las que la mutilación genital femenina sigue tan arraigada es la idea de que la influencia extranjera está impulsando los esfuerzos para erradicarla. Con motivo del Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina de este año, vamos a desmontar este mito: a continuación, descubriremos cómo las sobrevivientes, las comunidades, los maestros, los trabajadores de la salud y los líderes juveniles y religiosos están destruyendo las normas sociales perjudiciales desde dentro.

1. Las sobrevivientes y las comunidades unen fuerzas: "Me di cuenta de que mi voz tenía poder” 

Una joven de pie al aire libre con los brazos cruzados frente a un edificio escolar amarillo y blanco. Lleva un vestido marrón de manga corta y mira directamente a la cámara con expresión seria
Olivia Albert lidera un grupo en defensa de las y los jóvenes en la región de Mara, en la República Unida de Tanzanía © UNFPA Tanzanía / Bill Marwa

Antiguamente, en la región de Mara, en la República Unida de Tanzanía, la mutilación genital femenina se consideraba un rito de iniciación inevitable para las niñas. Hoy en día, la región sigue teniendo una de las tasas más altas del país. Olivia Albert, de 19 años, fue sometida a esta práctica a los 13, justo antes de que comenzara el curso escolar. 

“Oculté mi dolor porque todas las personas a mi alrededor decían que era normal”, contó al UNFPA. “Pero, en el fondo, sabía que lo que había vivido no era algo por lo que ninguna niña debería pasar”.

Cuando se unió a un diálogo comunitario escuchó a otras sobrevivientes compartir abiertamente sus experiencias. El diálogo contó con el apoyo del UNFPA, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la agencia de la ONU para la salud sexual y reproductiva, pero fue impulsado por los propios miembros de la comunidad.

“Me di cuenta de que mi voz tenía poder”, declaró Olivia. “Si alzaba la voz, tal vez se salvaría una niña, aunque solo fuera una”.

Hoy en día, dirige un grupo en defensa de las y los jóvenes que imparte sesiones educativas en las escuelas, colabora con los líderes tradicionales y apoya a los comités de protección de mujeres, niñas y niños para crear espacios seguros para las niñas en situación de riesgo y garantizar que se denuncien los casos. “El liderazgo de las sobrevivientes está cambiando mi comunidad”, afirmó. “Cuando las niñas conocen a alguien que ha pasado por esto, le escuchan de otra manera. Encuentran el valor necesario”.

 “Oculté mi dolor porque todas las personas a mi alrededor decían que era normal" – Olivia

Y añadió: “No podemos borrar el pasado, pero podemos asegurarnos de que la siguiente generación de niñas crezca sin miedo. Y juntos lo conseguiremos”.

2. Los líderes religiosos denuncian una interpretación errónea: “La mutilación genital femenina no es una prescripción del islam”

Un hombre de edad de pie en el interior con los brazos cruzados, vestido con un caftán rojo oscuro y un sombrero gris estampado, mira a la cámara con expresión tranquila
En la prefectura de Kindia, en Guinea, el imán Ousmane Yabara Camara es una figura conocida y respetada que ha decidido utilizar su influencia al servicio de las mujeres y las niñas de su comunidad. © UNFPA Guinea

El imán Ousmane Yabara Camara es una figura conocida y respetada en la prefectura de Kindia, en Guinea, que ha decidido utilizar su influencia al servicio de las mujeres y niñas de su comunidad. “Durante mis sermones, hablo abiertamente de que la mutilación genital femenina no es una prescripción del islam”, declaró al UNFPA. “Demasiadas niñas sufren las graves consecuencias para la salud de esta práctica. Debemos ponerle fin”.

La mutilación genital femenina es ilegal en Guinea desde hace 20 años y, aunque más del 95 % de las mujeres mayores de 15 años han sido sometidas a ella, entre las niñas menores de 15 años esta cifra se reduce a poco menos del 40 %. “Estamos forjando una nueva generación, lo que se refleja en la brecha entre las mujeres [más mayores] y las niñas [más jóvenes]”, afirmó el imán, que también es maestro jubilado.

Ser un guardián de la tradición y un motor del cambio no son conceptos contradictorios, explicó. “Siempre sugiero que se introduzca este tema en la educación para ayudar a las generaciones futuras a vivir sin mutilación genital femenina”. Hoy en día, miles de niños y niñas aprenden sobre este tema en las escuelas, donde cada vez se imparte más educación sexual integral.

 “Estamos forjando una nueva generación" – Imán Ousmane  

El inspector regional para la promoción de la mujer y la infancia de la región de Kindia explicó que esta práctica “es una expresión del poder de control sobre el cuerpo y la vida de las mujeres por parte de personas que no comprenden que el poder comienza cuando se permite a los demás disfrutar libremente de sus derechos”.

3. Las naciones están aprobando sus propias leyes en contra: “La lucha por los derechos de nuestras hijas ya no es una opción”

Una mujer con una gran abaya negra y un hiyab azul claro posa sonriente frente a un fondo naranja. También lleva gafas y tiene las manos entrelazadas delante de ella
En Djibouti, Nafissa Mahamoud Mouhoumed es miembro de la red comunitaria “Elle et Elles” contra la mutilación genital femenina © UNFPA Djibouti

En muchos países donde la mutilación genital femenina está profundamente arraigada, la nueva legislación está cambiando poco a poco la situación. En Eritrea, Somalia y Djibouti, los eruditos islámicos emitieron una fatwa nacional en 2025 en la que se afirmaba que no hay motivos religiosos que justifiquen la mutilación genital femenina. Junto con las enmiendas constitucionales que prohíben explícitamente esta práctica, supuso un paso muy importante para demostrar el compromiso religioso y político de ponerle fin. 

“Ahora contamos con dos poderosos escudos en nuestros barrios: la Constitución y la fatwa”, afirmó Nafissa Mahamoud Mouhoumed, miembro de la red comunitaria “Elle et Elles”. “Mientras que la ley recuerda a la gente las consecuencias legales, la fatwa elimina la excusa religiosa que se ha utilizado durante generaciones para justificar la mutilación genital femenina. Esta doble victoria nos da a nosotros, los activistas sobre el terreno, la confianza definitiva para hablar con las familias y decirles: 'Tanto tu fe como tu país protegen a tu hija'”.

 “Ahora contamos con dos poderosos escudos en nuestros barrios: la Constitución y la fatwa” – Nafissa Mahamoud Mouhoumed

Sin embargo, incluso estos logros que tanto ha costado conseguir están en peligro, ya que el creciente rechazo a los esfuerzos de erradicación de la mutilación genital femenina, junto con la reducción de la financiación y las prioridades mundiales contrapuestas, hacen que los retrocesos sigan siendo una amenaza real.

4. Los hombres y los niños se están uniendo a la causa: “Ven las pruebas”

 A group of men and one child are seated outside on wooden benches and chairs in a grassy area, engaged in a discussion. An older man wearing a dark jacket, jeans, and a fedora with a black, yellow, and green scarf around his neck is speaking and gesturing with his hands.
En la zona de Hadiya, en Etiopía, un hombre de edad dirige una sesión semanal de información y debate sobre prácticas nocivas. © MOPIX-UNFPA Etiopía, 2025

En Etiopía, tres cuartas partes de las mujeres y niñas de entre 15 y 49 años han sufrido algún tipo de mutilación genital femenina. “Durante años nos quedamos de brazos cruzados viendo cómo las mujeres sufrían complicaciones durante el parto, lo que a veces conllevaba la pérdida tanto de la madre como del bebé”, recordó Mitiku Gunte, jefe del distrito local de la zona de Hadiya, en el centro de Etiopía. “Sabíamos que algo iba mal, pero no entendíamos qué era ni cómo detenerlo”. 

Mitiku es ahora defensor del Programa Conjunto UNFPA-UNICEF que, junto con la administración local, involucra a cientos de hombres y niños en la lucha contra esta práctica. A través de diálogos adaptados a diferentes segmentos de la sociedad (personas de edad, hombres jóvenes solteros, mujeres y personas jóvenes), los miembros de la comunidad van de puerta en puerta para hablar con cada grupo sobre sus preocupaciones e influencias específicas. 

 "Eso nos dio la confianza y la unidad necesarias para lograr un cambio real” – Dawit Mohammed

Para Dawit Mohammed, un agricultor local que se había opuesto discretamente a esta práctica durante años, este programa le proporcionó lo que tanto había echado en falta: una estrategia clara y el respaldo de la comunidad. “Las formaciones nos dieron las herramientas y las pruebas necesarias: aprendimos la relación directa que existe entre la mutilación genital femenina y las lesiones durante el parto. Eso nos dio la confianza y la unidad necesarias para lograr un cambio real. Por fin aprendimos a tener estas conversaciones difíciles con nuestros vecinos”.

Los defensores también promueven la educación de las niñas como una alternativa vital a las prácticas nocivas. La propia familia de Dawit es una muestra de los beneficios de rechazar la mutilación genital femenina. “La gente ve a mi esposa, sana, fuerte, que ha dado a luz a nuestros hijos de forma segura, y entiende que esto no es solo teoría”, afirmó. “Ven las pruebas en el bienestar de nuestro hogar”.

5. La medicalización también se está revelando como insegura: “A menudo recibo casos en los que el daño ya está hecho”

 Un numeroso grupo de jóvenes, tanto hombres como mujeres, están sentados en un auditorio o sala de conferencias. Muchas de las mujeres llevan hiyabs de diversos colores. Están sentados en filas de asientos azules con reposabrazos de madera marrón y la mayoría de los asistentes miran hacia la parte delantera de la sala, lo que sugiere que están escuchando a un orador o una presentación
Profesionales sanitarios de Egipto asisten a una iniciativa de formación dirigida por el UNFPA denominada “Batas blancas contra la mutilación genital femenina”. ©UNFPA Egipto 

Cuando la realiza un profesional sanitario, la mutilación genital femenina se suele describir como "medicalizada". Alrededor de una cuarta parte de las sobrevivientes de entre 15 y 49 años se han sometido a dicha práctica de esta forma y las adolescentes tienen el doble de probabilidades de ser sometidas a la práctica medicalizada que las mujeres más mayores. Pero incluso con la presencia de un profesional y con equipo esterilizado, la mutilación genital femenina no es segura ni necesaria y carece de justificación médica. 

 “Ahora entiendo mejor las diferentes mentalidades de quienes lo consideran" – Dra. Maram Mahmoud

El Programa Conjunto UNFPA-UNICEF apoya a los trabajadores sanitarios y a los defensores comunitarios para que resistan la presión social que les empuja a practicar la mutilación genital femenina y, en su lugar, promuevan su prevención dentro de sus comunidades, desmonten los mitos y sensibilicen a la población.

En la gobernación de Sohag, en Egipto, Maram Mahmoud, médica de familia, declaró al UNFPA: “A menudo recibo casos en los que el daño ya está hecho y hay complicaciones graves”. Es una de los miles de profesionales de la salud de Egipto que se han sumado a la iniciativa “Batas blancas contra la mutilación genital femenina”, liderada por el UNFPA, que hace hincapié en el papel clave de los profesionales médicos para cambiar las normas perjudiciales que la perpetúan.

“Sinceramente, no esperaba que tuviera tanto impacto en mi punto de vista”, declaró la Dra. Maram. “Pero ahora entiendo mejor las diferentes mentalidades de quienes lo consideran y me siento más segura a la hora de orientarlos y explicarles los graves daños, riesgos y consecuencias”.

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