ESTADO DE DARFUR DEL NORTE, Sudán – “En El Fasher no pude hacerme ningún chequeo médico porque no quedaban hospitales cerca”, declaró Zainab, de 26 años, quien estaba embarazada cuando describió el brutal asedio que duró 18 meses en la capital del estado de Darfur del Norte.
Durante el bloqueo, las mujeres y las niñas fueron objeto de bombardeos incesantes y de una violencia sexual cada vez mayor, al tiempo que se veían privadas de ayuda humanitaria. Los centros de salud sufrieron repetidos ataques, se agotaron los medicamentos, las mujeres embarazadas dieron a luz sin asistencia cualificada y las sobrevivientes de violaciones se quedaron sin atención médica.
La crisis se agravó en octubre de 2025, cuando El Fasher cayó en manos de las Fuerzas de Apoyo Rápido.
“Cavamos trincheras para escondernos y nos refugiamos en ellas”, afirmó Rania, de 22 años, quien estaba embarazada en ese momento. “Había bombardeos todos los días”.
Más de 107.000 personas, en su mayoría mujeres y niños, huyeron de El Fasher como pudieron, la mayoría sin transporte, comida ni dinero. Rania y Zainab se encontraban entre los miles de personas que huyeron a Al Affad, un lugar de desplazamiento superpoblado donde la atención médica y la seguridad siguen siendo difíciles de conseguir.
Durante el trayecto, Rania se desmayó por agotamiento y fue testigo de cómo varias mujeres daban a luz al borde de la carretera. “Fue desgarrador y aterrador”. Cuando llegó al campamento de Al Affad, la llevaron rápidamente a un hospital de maternidad en la cercana Al Dabba donde dio a luz a su bebé por cesárea.
Zainab tuvo una bienvenida similar en el campamento: “Estaba esperando a que me dieran una tienda de campaña, pero di a luz antes”, contó al UNFPA, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la agencia de la ONU para la salud sexual y reproductiva.
La sanidad en crisis
Los trabajadores sanitarios también describieron los horrores del largo asedio. La partera Madina Bashir estuvo confinada con 65 mujeres dentro de una mezquita en El Fasher durante casi un año. “Durante muchos días no tuvimos ni comida ni agua. Sobrevivimos bebiendo agua de lluvia y comiendo plantas que crecían en el patio”, relató.
“Cuando asaltaron la mezquita, se llevaron a todos los hombres y obligaron a las mujeres a salir descalzas. Algunas de las mujeres estaban embarazadas; una de ellas dio a luz en la carretera porque no pudimos llegar a tiempo al centro de salud”.
Ikhlas Ahmed Abdallah Adam, obstetra desplazada y madre de tres hijos, también describió las condiciones del bloqueo: “Entre mi casa y el Hospital de Maternidad Saudí [donde trabajaba] caían más de 100 bombas al día. Dormía en el hospital porque si intentabas volver a casa te podía alcanzar una bomba. Muchos de mis colegas murieron así”.
Sus colegas y ella recurrieron a medidas desesperadas. “Trabajábamos con mosquiteros y sábanas cortadas; hacíamos todo lo que podíamos. Realizábamos procedimientos como amputaciones fuera del quirófano”.
Pero su dedicación era inquebrantable. “Si un mercado o un barrio sufría un ataque, el personal médico tenía que donar sangre porque no teníamos suministros... Mientras tanto, el propio hospital también era objeto de ataques”.
Desplazados pero comprometidos
Hoy en día, tanto la Sra. Bashir como la Dra. Ikhlas se encuentran desplazadas, pero siguen trabajando. Ambas se han unido a los equipos médicos apoyados por el UNFPA en Al Affad.
Farha Ahmed conoció a la Dra. Ikhlas después de pasar una semana huyendo a pie de El Fasher, embarazada y cargando a su hija de tres años.
“Estábamos solas. El padre de mis hijos, mi padre y mis hermanos habían sido asesinados”, contó al UNFPA. “Estaba agotada... Cuando llegué, me quedé sentada bajo el sol, sin provisiones ni nada que comer. La Dra. Ikhlas me encontró y me llevó al Hospital de Maternidad de Al Dabba”.
Gracias a la Dra. Ikhlas, la Sra. Ahmed pasó 11 días en el hospital, que cuenta con el apoyo del UNFPA, y dio a luz allí. “Me trajo todo lo que necesitaba”, afirmó la Sra. Ahmed. “Se quedó conmigo todo el tiempo, e incluso después de que me dieran el alta, siguió haciéndome un seguimiento hasta que me trajo aquí [a la clínica]”.
Mantenimiento de servicios vitales
El UNFPA sigue trabajando en el estado del Norte reforzando la atención obstétrica de emergencia en el Hospital de Maternidad de Al Dabba y gestionando una clínica de salud reproductiva en el campamento para personas desplazadas de Al Affad. También se están desplegando equipos itinerantes de parteras y se está impartiendo formación a los proveedores de servicios de salud y las parteras de la comunidad sobre el manejo clínico de violaciones.
“Los médicos desplazados de El Fasher enfrentan muchas dificultades”, comentó la Dra. Ikhlas. “Pero seguimos trabajando y ayudando a la gente. Aquí hacemos trabajo humanitario”.
A pesar de que estas intervenciones están evitando muertes y apoyando a las sobrevivientes, sin una mayor financiación y un mejor acceso inmediatos, las mujeres y las niñas no podrán recibir atención sanitaria vital cuando más la necesitan. Tras 1.000 días de guerra, casi dos tercios de la población total necesitan urgentemente asistencia humanitaria.
El UNFPA solicita 4,8 millones de dólares para prestar servicios de salud reproductiva y protección en respuesta a la crisis en El Fasher. A finales de noviembre, la solicitud solo había sido financiada en algo más de una cuarta parte.