Hager Zakaaraya es mucho más que una partera. Durante años ha abierto sus puertas a las mujeres de su comunidad como defensora, mentora y amiga.

Lleva trabajando como partera desde 1997, primero en clínicas y hospitales en el estado de Gedaref, en el este de Sudán, y ahora desde su casa, que ha convertido en una clínica, en la ciudad nororiental de Hai Sawakin.
Las mujeres hacen cola para verla gracias a su reputación de cuidado especializado y camaradería. El UNFPA, la agencia de las Naciones Unidas para la salud sexual y reproductiva, apoya su labor proporcionando medicamentos y suministros, como monitores cardíacos fetales, que son esenciales para salvar la vida de las mujeres y sus recién nacidos.
A continuación se muestran imágenes de su clínica domiciliaria.


Se ha ganado a pulso su reputación. Hager recuerda a una mujer llamada Imane que llegó a su clínica cuando tenía ocho meses de embarazo y padecía un dolor agonizante. Hager detectó que el feto tenía latidos cardíacos débiles y derivó a Imane a un centro médico. El diagnóstico: un caso peligroso de sepsis.
Imane no iba a dar a luz hasta el mes siguiente y estaba sola en la clínica. Sus padres habían fallecido y su esposo y su hermana no podían quedarse con ella. Así que Hager empacó sus cosas y se fue a la clínica. “No podía dejarla sola”, afirma. “Tenía que apoyarla, ser su madre, su hija, su respaldo”.
Imane y su bebé lograron superar la terrible situación con Hager a su lado. “Nos hicimos amigas, como hermanas”, comenta Hager.

La casa de Hager siempre ha estado repleta de actividad, tanto por sus propios hijos como por las mujeres y los hijos de estas que necesitan su ayuda en un momento dado, como cuando se producen desplazamientos por conflictos. Los niños juegan juntos mientras las mujeres cocinan, conversan y forjan amistades y redes de apoyo en los momentos más difíciles.

Además de su clínica, Hager ofrece talleres para proporcionar información sobre planificación familiar y embarazo, así como sobre violación y apoyo a las sobrevivientes, incluidos espacios seguros administrados por el UNFPA.
En Sudán, la violación se ha utilizado durante mucho tiempo como arma de guerra. Alrededor de 12,1 millones de personas en este país devastado por la guerra, es decir, casi 1 de cada 4, están en riesgo de sufrir violencia de género. “En algunos casos de violación, las mujeres estaban embarazadas de tres meses, o de cuatro, cuando se enteraron. Una de ellas tenía ya nueve meses de embarazo”, relata Hager. Ella cree que es importante hablar sobre la violencia sexual, ya que demasiadas mujeres sufren el trauma y el estigma en silencio.

El UNFPA gestiona 75 espacios seguros en todo Sudán, pero se necesita mucho más apoyo para las mujeres y las niñas, ya que la guerra civil ha impulsado la crisis humanitaria a niveles sin precedentes. Millones de personas han sido expulsadas de sus hogares y se estima que 726.500 mujeres embarazadas necesitan asistencia de emergencia. El país está experimentando los peores niveles de inseguridad alimentaria jamás registrados.
Los profundos recortes de financiación han obligado al cierre de centros de salud cruciales y espacios seguros en todo el país, mientras que se ha suspendido la capacitación para las parteras, lo que ha llevado a muchas mujeres a enfrentar por sí solas condiciones que ponen en peligro su vida. El UNFPA pide apoyo financiero urgente para abordar el colosal déficit de financiación y las crecientes necesidades de las mujeres y las niñas en Sudán.
Hager es una persona que hace todo lo que puede.

