05 Febrero 2026

Hace casi 30 años, Patrick Ngigi trabajaba como docente en el condado de Narok, Kenya, cuando una estudiante le pidió ayuda. Eso cambiaría el rumbo de su vida.

“En 1997, trabajaba como director de escuela cuando una niña se me acercó y me pidió ayuda para que no la casaran”, cuenta. “La llevé a la casa de mi madre porque no teníamos ningún centro de acogida disponible. Ése fue el comienzo del centro de acogida Mission with a Vision”.

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Patrick Ngigi, fundador de Mission with a Vision.

La vida de Patrick no es la única que ha cambiado. A lo largo de los años, su centro de acogida ha ayudado a unas 3.500 niñas a evitar la mutilación genital femenina, el matrimonio infantil, la violación y otras formas de violencia de género. El refugio acoge ahora a hasta 120 niñas en dos centros. Patrick se enorgullece de marcar la diferencia, pero afirma que sigue siendo una lucha cuesta arriba.

“La mutilación genital femenina no tiene ningún impacto positivo... solo causa un sufrimiento duradero”
–Cynthia, residente de Mission with a Vision
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Con el apoyo de su jefe local, las hermanas Anne y Lorna evitaron el matrimonio infantil.

En todo el condado de Narok, se sabe que más de la mitad de las niñas son sometidas a la mutilación genital femenina, una violación de los derechos humanos dolorosa y potencialmente mortal. A pesar de que se impuso una prohibición nacional, sigue siendo una práctica habitual, especialmente en las zonas rurales, y es frecuente entre la comunidad local masái. 

Una de las formas en que Patrick y sus asociados trabajan para cambiar esta situación es a través del poder de los diálogos comunitarios. Estos pueden incluir sesiones de participación masculina para los hombres de edad masái y los jóvenes, conocidos como morans, así como diálogos comunitarios más amplios en los que participan sobrevivientes de la mutilación genital femenina y otros activistas. Patrick cree que la educación es la mayor fuerza para el cambio.

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Moses Letuati, de 50 años, tiene tres hijas que no han sido sometidas a la mutilación genital femenina y que están obteniendo buenos resultados en la escuela. Afirma que las cosas están cambiando, aunque lentamente.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), la agencia de las Naciones Unidas para la salud sexual y reproductiva, apoya tanto a Mission with a Vision como a los diálogos comunitarios, junto con otras iniciativas de prevención, además de proporcionar apoyo a las sobrevivientes. 

Estas actividades forman parte del Programa Conjunto UNFPA-UNICEF para la Eliminación de la Mutilación Genital Femenina. Se trata del mayor programa mundial para acelerar la eliminación de esta práctica nociva que se lleva a cabo en 18 países.

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Una mujer pasa frente a un mural que pide el fin de la mutilación genital femenina en un centro de salud del condado de Narok.

En el centro de acogida, las niñas y las jóvenes reciben apoyo para desarrollar todo su potencial. Pueden retomar los estudios que tuvieron que abandonar cuando dejaron a sus familias y aprender distintas habilidades en un entorno familiar y acogedor.

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Cynthia, de 23 años, escapó de la mutilación genital femenina a los 11. El centro ha sido su hogar durante 13 años y ahora trabaja allí, ofreciendo ánimo y apoyo a las niñas. Ha estudiado gestión de la cadena de suministro y adquisiciones y se ve a sí misma convirtiéndose en una exitosa empresaria en el futuro.

“Vengo de una familia muy numerosa. El matrimonio precoz y la mutilación genital femenina se deciden para muchas niñas antes de que puedan elegir nada por sí mismas. Mi hermana menor y yo escapamos al amanecer sin que mi padre lo supiera. Era la única manera de proteger nuestro futuro y continuar nuestra educación. Cuando la comunidad descubrió que estábamos en una casa segura, mi madre pagó el precio: fue ridiculizada, aislada y repudiada por nuestra culpa”, afirma. 

“Hoy en día, soy una líder aquí. Apoyo a las niñas más jóvenes, las ayudo a seguir en la escuela y les recuerdo que su futuro es importante. La mutilación genital femenina no tiene ningún impacto positivo; lo que las niñas describen es dolor, sangrado y sufrimiento duradero”.

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“Me encantaba estudiar, así que huí para salvar mi vida”
– Cecilia, residente de Mission with a Vision
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Cecilia, de 24 años, también residente en el centro, acaba de obtener un diploma en orientación psicológica y tanto sus compañeras como el personal lo están celebrando con ella. 

Cecilia dijo no a la mutilación genital femenina. “Me encantaba estudiar, así que huí para salvar mi vida”, comenta. “Todavía me estigmatizan”, declara refiriéndose a su comunidad, “pero no me importa. Quería cambiar mi vida”. Su decisión de estudiar psicología se basó en su experiencia personal como niña que necesitaba ayuda. “Ahora quiero ser yo esa ayuda”.

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Patrick se une a la celebración de la graduación.
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Un pastel de felicitación para Cecilia.

Que cada una de las niñas haya escapado de la mutilación genital femenina y del matrimonio infantil, junto con sus logros, es un éxito celebrado por todo el centro, así como por el movimiento más amplio contra la mutilación genital femenina tanto a nivel local como mundial.

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